domingo, 18 de enero de 2015

Al final todo va estar bien

Saben creo que el truco de Forrest era como dice la frase "no esperar nada de nadie ni de nada", el no tenía expectativas no me mal interpreten, quiero decir que el vivía el día, lo que pasaba en el día sólo se dejaba llevar y no estaba esperando o imaginando que pasarán cosas.

Deberíamos ser más como Forrest, no vivir en el pasado ni estar pensando en el futuro si no en el ahora, y disfrutar de las cosas que pasan.

También todos tenemos algo de Jenny, "días obscuros," no la pasamos buscando y buscando pero no sabemos que buscamos, nos alejamos de los que realmente nos aman por miedo, por que nuestros demonios no nos dejan estar en paz, pero llega un punto en donde tocamos fondo y tomamos valor y empezamos a resolver, a afrontar esos demonios y encontramos la paz...

Así que hay que ser como la pluma que sale en la película que se deja llevar por el viento y no resistirnos, Dios tiene un plan y sabe lo que hace.

Nuestra parte es ser, buenas personas, ayudar, apoyar, estar bien con los demás y lo principal con uno mismo.

No es fácil, pero si aprendimos a quejarnos y ver lo malo en todo, también podemos a ver mejor las cosas, ser positivos y así vivir una vida más tranquila y en paz con los demás.

" Al final todo va estar bien"

domingo, 7 de diciembre de 2014

Cerrando circulos

Que pasaría si pudieras despedirte de esa persona que ya no está....que en algún lugar del mundo esta el o ella, que si exista la reencarnación y puedas estar frente a el o ella y despedirte...

Interesante el tema de la película para los que nos gusta creer que esto aquí no se termina, que estamos conectados, que yo escribo esto por algo y tu lo lees por algo....

sábado, 6 de diciembre de 2014

El último amor de Morgan

Otra película para la lista de favoritas, por un lado habla lo difícil que es dejar a esa persona que se a ido y cuando dejas de creer ahí están esos Angeles que te enseñan a creer de nuevo.

Gente que llega a tu vida por algo...la película tiene varios giros que no esperas y cosas que no son lo que parecen, pero "al final todo va estar bien"

domingo, 12 de enero de 2014

EL ODIO

"Contener el odio hace que éste se convierta en un veneno. Te corroe por dentro. Creemos que el odio es un arma que ataca a la persona que nos hace daño, pero el odio es una espada de doble filo. Y el daño que hacemos, nos los hacemos a nosotros mismos...Pero ahora, aquí, para poder seguir adelante, debes de entender por qué sentiste lo que sentiste y por qué ya no necesitas sentirlo."

Las cinco personas que encontrarás en el Cielo-Mitch Albom


sábado, 4 de enero de 2014

TODO PASA POR ALGO...

Bueno se que ya esta muy trillada esa frase, pero se han puesto un día a averiguar por que pasan las cosas??? porque ese día llegaron tarde algún lugar o porque se fueron por otro lado en lugar de la misma ruta??

Es interesante atar cabos y ver las razones de por que pasan las cosas; como por ejemplo estoy leyendo el libro de "Memorias de un amigo imaginario" que cuenta la historia desde el punto de vista del amigo imaginario y como de pequeños teníamos sueños y tal vez amigos imaginarios o creíamos en santa, el ratón de los dientes, hadas y fuimos creciendo y dejamos de creer, de soñar.

Luego me dan ganas de ir al cine y me encuentro la película de "The secret life of Walter Mitty" y habla a grandes rasgos de cuantas veces por algo o alguien dejamos de soñar y solo no la pasamos fantaseando en lo que hubiera sido pero en realidad nunca hacemos algo al respecto y nos llenamos de miedos y se nos olvida vivir aventuras, decir porque no, lo voy hacer...!!!

Y por ahí publique "Quizá sea el tiempo tomar las riendas"

Aun no termino el libro voy a seguir atando cabos pero creo que me dicen que debo retomar sueños perdidos y tomar riesgos volver a creer de nuevo....

Pues ojala así sea y me agrada la idea jejejeje....


domingo, 13 de octubre de 2013

La Lección...

-Oiga señor, ¿este libro es suyo?.
Juan se dio la vuelta preguntándose cómo aquella niña que no aparentaba tener más de cinco años podía haberse atrevido a dirigirse a él tirándole un poco de los pantalones para llamarle la atención. ¿Acaso la niña no percibía todo el odio que había en su interior?. Claro que la pequeña lo percibía. Lo que Juan no sabía era que ella también se había dado cuenta de algún modo de que dentro de él había una persona que pedía a gritos una nueva forma de vida, una persona que estaba totalmente agotada por haber llevado dentro esa pesada carga de odio y resentimiento durante tantos años.

-¡No!, yo no tengo ningún libro -le gritó Juan- quedando al mismo tiempo embobado y sorprendido al contemplar el rostro resplandeciente y sincero de la niña.
-Bueno, pues puede que ya vaya siendo hora de que lea alguno. Tenga, si no lo reclama nadie, puede usted quedárselo, yo ya tengo muchos y estoy esperando a saber leer mejor para poder seguir disfrutando y aprendiendo de ellos.

Juan casi no podía creer lo que estaba viendo. Normalmente ningún ser humano osaba dirigirle la palabra. A sus cuarenta años se había convertido en un ser completamente amargado y con una sed tremenda de venganza. Sed que nunca pudo ver satisfecha. Cuando tenía diez años presenció como un hombre había asesinado a sangre fría a sus padres y hermanos. A partir de aquel día empezó a sentir un odio y desprecio por toda la humanidad que, lejos de disminuir, había aumentado con el tiempo.
Cuando cumplió los veinticinco años, decidió que dedicaría su vida a buscar al hombre que mató a su familia para poder vengarse. Con el tiempo se había acostumbrado a que la gente se apartara de él debido a su carácter tan amargo. Y sin embargo ahora se encontraba hablando con una niña.
De repente Juan se sorprendió muchísimo cuando vio que de sus labios salieron unas palabras que continuaban con la conversación como si tuvieran capacidad de decidir por si mismas.

-Bueno... pues dime, pequeña, ¿de qué trata este libro?
Estas palabras no hicieron más que aumentar la sorpresa de Juan. No había hecho un comentario tan amable a un semejante suyo desde hacía décadas. Desde luego, esto era un síntoma claro de que algo iba a cambiar en su vida.

-Pues verá señor. Yo todavía estoy aprendiendo a leer pero creo que aquí dice algo sobre el amor, el miedo y el odio. Si quiere saber más, tendrá que leerlo. Bueno, ahora tengo que irme o mi mamá me regañará por haberme alejado de ella durante tanto tiempo.
Cuando la niña se había alejado unos pasos se detuvo un momento, se dio la vuelta y se despidió de Juan.

-Adiós señor.
-Adiós –balbuceó Juan-

Aquella noche Juan no dejó de dar vueltas en la cama pensando en su encuentro con la niña. Tenía el libro en la mesita de noche pero ni siquiera lo había ojeado. En realidad –pensó- ¿qué podía importar eso?, había decidido que lo único importante era encontrar al asesino de su familia para matarlo. Cada día estaba más cerca. Se había pasado la vida investigando todas las pistas que pudieran llevarlo a encontrar a ese hombre y cada vez le quedaba menos para conseguirlo.

Con el paso de los meses a Juan le quedaba menos para encontrar al hombre que, según él, le había destrozado la vida. Cada día ataba más cabos sueltos. Según sus planes lo encontraría dentro de un año. Cada vez sabía más sobre ese hombre e intuía que no le iba a costar mucho encontrarlo. Sin embargo cada día se acordaba más de la niña y del libro que ésta había encontrado en el suelo al lado suyo, incluso soñaba con ella a menudo así que un buen día decidió abrir el libro y comenzó a leerlo. Al posar la vista sobre la primera página le invadió una sensación extraña, por un momento le dio la impresión de que se encontraba ante una encrucijada de su vida aunque rápidamente desechó esa idea pensando que últimamente se le pasaban un montón de tonterías similares por la cabeza.

La noche se le pasó sin darse cuenta, era como si hubiese caído en una especie de trance que le hizo leer aquel libro tres veces seguidas, incluso releyendo algunas páginas que encontraba especialmente interesantes por parecer que estaban escritas especialmente para él.

Leyó en la cama, en la cocina, en el baño, paseando por el pasillo. En ocasiones tuvo que enjuagarse las lágrimas, el ritmo de su respiración y el del latido de corazón cambiaban constantemente. Notó como su piel se le erizaba y se relajaba según sus ojos recorrían los renglones de aquel singular y misterioso libro. Juan leyó y releyó, y vio escrito con palabras lo que él siempre había sabido en pensamientos pero nunca había querido reconocer ni siquiera ante sí mismo: el odio ocupaba tanto espacio en su corazón que no había permitido manifestarse al amor, el cual había quedado relegado a lo más profundo de su ser y siempre lo había mantenido a raya.

Había algo dentro de Juan que estaba deseando un cambio de vida, un giro de ciento ochenta grados. Pero por otra parte había alimentado y planeado su venganza durante años y uno no se puede deshacer de los pensamientos de toda una vida en un solo día.

Agotado por el cansancio y las emociones, se tumbó en la alfombra del salón y se durmió profundamente al instante. Aquel fin de semana lo pasó sin salir de casa. Los meses seguían pasando y ahora ya sabía donde vivía el asesino de su familia. Sólo le quedaba decidir cómo y cuándo lo mataría. En principio tendría que ser en un lugar donde nadie pudiera verlos pero Juan pronto descartó esa idea. No le importaba acabar entre rejas, de todas formas, ¿acaso no vivía ya en una prisión?. Era prisionero de su sed de venganza.

Juan no había vuelto a leer el libro, ni siquiera lo había vuelto a abrir, sin embargo siempre lo llevaba consigo en el bolsillo a todas partes. Cada poco lo palpaba con la mano para asegurarse de que el libro seguía ahí. Incluso en una ocasión el corazón se le puso a cien cuando su mano tardó más de un segundo en localizarlo en su bolsillo. No podía dejar de pensar en las palabras del libro pero la sola idea de renunciar a su venganza le resultaba insoportable. Había pasado demasiado tiempo investigando el rastro del asesino para tirarlo ahora todo por la borda.

Pasaron las semanas y ahora Juan ya lo tenía todo planeado. Sabía exactamente cuando y donde iba a encontrarse con el asesino y ajustarle las cuentas. Sería en la azotea de un edificio. Seguramente no habría allí nadie más que ellos dos aunque eso era algo que le traía sin cuidado. Lo que a él le ocurriera después de haber acabado con el hombre que había destrozado su vida no le importaba lo más mínimo.

La noche anterior Juan soñó con la niña de cinco años. Aunque el encuentro que tuvo con ella no se había prolongado más allá de unos cuantos segundos, este recuerdo permanecería en su memoria para siempre. Juan se preguntaba a veces qué papel jugaba la niña en su vida, si es que jugaba alguno.

Al levantarse por la mañana, le temblaban las piernas, una sensación extraña le recorría todo el cuerpo.
-¡Por fin llegó el dia! -dijo en voz alta. Lo tenía todo planeado, no podía fallar nada.
Juan desayunó como siempre procurando mantener la sangre fría y se dirigió hacia la azotea del edificio. Una vez allí sólo tenía que esperar. No sabía la hora exacta pero estaba seguro de que antes del anochecer, su hombre tenía que aparecer para hacer unas comprobaciones rutinarias y entonces habría llegado por fin ese momento tan esperado durante casi toda su vida.

Pasaron varias horas sin que apareciera nadie durante las cuales un montón de ideas y de recuerdos pasaron por la cabeza de Juan, recuerdos de una vida amargada.
-Ahora, ya nada importa – pensó-, sólo acabar con él.

En ese instante se oyeron unos pasos de alguien que se acercaba por el otro lado de la azotea.
-¡Es él!, dijo Juan, acelerándosele el corazón como nunca antes lo había hecho. Inmediatamente echó a correr hacia él y, sin darle tiempo a reaccionar, lo agarró fuertemente por la solapa y zarandeándolo le gritó:
-¡Tú!, sí, tú. Tú mataste a mi familia, tú mataste a mis padres y hermanos. Tú destruiste mi vida.

Juan era mucho más alto y fuerte que el hombre que tenía enfrente, que no soltó palabra alguna. Lo empujó y el hombre cayó al suelo dando varias vueltas hasta chocar contra el muro del borde de la azotea. El hombre se quedó mirando fijamente a Juan que ahora se encontraba ante él empuñando una pistola. El cielo se había oscurecido rápidamente en la última media hora y la lluvia era torrencial. A Juan empezaron a caérsele las lágrimas sin parar y su cuerpo empezó a temblar sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. 

Ahora sólo tenía que apretar el gatillo y todo habría acabado, sin embargo no podía hacerlo, la voz de la niña de cinco años con la que había hablado durante aquel breve instante y las palabras del libro que ella le había puesto en la mano resonaban en su interior como si reclamasen algo.

Juan volvió a gritarle con todas sus fuerzas:
-Tú, tú los mataste.
En ese instante sintió convulsiones por todo el cuerpo hasta que, por fin pronunció dos palabras que cambiarían su vida por completo:
-Te perdono... te perdono. Es hora de dejar ir todo este odio y resentimiento que me ha engullido durante todos estos años. Te perdono. Vete en paz.

Juan bajó el arma y cayó desplomado bajo aquella intensa lluvia perdiendo el sentido.
Al día siguiente se despertó en un hospital cercano al oír la conversación de dos enfermeras.
-Vaya, por fin se ha despertado, ha dormido casi veinticuatro horas – dijo una de ellas.
Juan se sentía como nuevo, no recordaba haberse encontrado tan descansado y tan de buen humor nunca en su vida. Era como si todo su ser le estuviera diciendo que se había librado de un peso enorme.

-¿Cómo he llegado hasta aquí? –preguntó Juan-.
-Un hombre lo encontró tumbado en una azotea sin conocimiento y lo trajo hasta aquí, usted estaba empapado. Tuvo mucha suerte porque casi nadie sube nunca a esa azotea, ese hombre le salvó la vida.
-¡Qué ironía! –pensó Juan- sintiéndose inmensamente feliz por como había resuelto sus asuntos con aquel hombre.

El hombre al que iba a matar, había acabado salvándole la vida.
-Por cierto –dijo la otra enfermera- no se lo va a creer, pero hoy ha venido una niña de cinco años a visitarlo y ha dejado este sobre para usted.

Juan no se extrañó nada. Siempre había sospechado que había algo sobrenatural en aquella niña de rostro resplandeciente. Lentamente abrió el sobre y en su interior encontró una nota que decía:
"Juan, has aprendido la lección del Perdón, el cambio que estabas esperando ya ha llegado a tu vida. Estudia bien el libro, y cuando ya no lo necesites tendrás que ayudar a alguien en su camino. Cuando llegue el momento lo sabrás."

Juan empezó por fin a vivir en paz.