Idealizas al otro, para sentirte mejor contigo mismo.
La premisa es claramente narcisista: Dios nos cría y nosotros nos juntamos. No sostengo que seamos insensibles a los atributos de la persona que amamos, pero una cosa es la admiración y otra la idolatría con afán de lucro. Hacer depender la propia autoestima de la valoración de nuestra pareja es un arma de doble filo.
No sólo idealizamos el amor sino a nuestra pareja, objeto y sujeto de nuestros deseos amorosos. Mucha gente pretende sacar al ser amado de la realidad y darle un carácter astral: omnipresente (ya que ocupa todo nuestro ser), omnipotente (ya que todo lo puede) y omnisapiente (ya que es fuente de profunda sabiduría). La pregunta cae por su propio peso: ¿para qué quieres una pareja con superpoderes? ¿No eres muy mayor para jugar a los superhéroes? Yo sé que el amor sesga a su favor, pero si crees que estás con un ser casi sobrenatural, su lado humano te resultará insoportable.
Éste es el problema principal de la idealización amorosa: tropezar con los hechos y descubrir que tu pareja suda, huele, se deprime, se frustra, es egoísta a veces, se ofusca, llora, y cosas por el estilo.
Walter Riso - Manual para no morir de Amor.

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